Monday, November 21, 2011

VÉRTIGO

Algunas cosas me causan vértigo. No el que provoca subir a un auto y conducirlo a máxima velocidad, sino el que sin siquiera moverte de la baldoza te hace arder el estómago. Ese es más profundo, es diferente, es incomparable. La sensación es como la que me provoca tirarme a la pileta desde las alturas. Parada frente al pie del trampolín elevo mi vista hacia la cumbre y trepo la escalera que me conducirá a la cima. En ese trayecto una revolución interna me causa infinitas emociones indescriptibles hasta que llego al último escalón. Una vez en el plano doy unos pasos hasta llegar al extremo, en donde ya no puedo mirar atrás, sólo me queda mirar hacia abajo.
La única opción que tengo es lanzarme, estirar mis brazos hasta lo más alto del cielo, preparar mi cuerpo para volar hasta hacer contacto con el agua. El viaje durará apenas segundos, pero ya sé que sufriré escalofríos, la adrenalina correrá por mis venas y mis palpitaciones se triplicarán. Mi corazón vibrará a una velocidad inusual, mis músculos se contraerán y se relajarán y mi transpiración se activará. La sonrisa de mi boca y la interna serán inevitables.
En unos instantes romperé el gran espejo que me aguarda paciente, lo haré saltar en mil pedazos. Nadie podrá evitarlo porque nadie podrá detenerme. Él es mi cómplice y me espera. Aunque sabe que voy a quebrar su paz y que voy a provocar un estallido, conoce el torbellino emocional que me causa, por eso está allí haciéndose ver. Porque a él también le gusta provocarme.
Cuando te plantás frente a mí, me pasa lo mismo que en esa caída vibrante y fugaz, paralizante y, por un instante, eterna. El vértigo me invade y ya no se cómo evitarlo porque, al igual que el trampolín y que el agua, te cruzás en mi camino para causarme las mismas sensaciones.

Tuesday, October 25, 2011

ELLA

La boca estallada. Un ojo exaltado  y otro transparente. El pelo rayado. Un cuerpo sin brazos, sin orejas, sin vientre. Una mosca posa en su espalda, es la sombra que la acompaña, la persigue, la proyecta. Las piernas son desparejas. Una imagen, solo eso, un gesto. Un teléfono se desprende de su hombro y no trae formas elegantes. Usa medias de red desgarradas en el recuerdo de alguna noche furiosa. Hay un angel y un demonio. El demonio sobrevuela, el angel salpica en el aire su ternura. Desearía no perderla de vista. Ella dejo su blue jean desparramado por el piso, se sentó sobre su almohadón negro y comenzó a mirarme durante horas.
Por detrás dejó el olvido, dejó la nada, dejó la opacidad para convertir, con su mirada, la soledad en fuego, el silencio en llamas, el vestíbulo en revolución.
Convive sola, no desea compañía. Su cara expresa tristeza y descontrol. Aunque nadie lo sepa ella vive, aunque nadie lo advierta ella posee una belleza envidiable. La música la transporta por tuneles desérticos. Pareciera estar reclinada, como si algo doliera en su interior, quizas el alma. Esta espectante e inmóvil, como si posara congelada, como si nunca sintiera  cansancio. Necesita hablar pero sus labios están entretenidos jugueteando con una flor y su cabello está a punto de ahorcarla. Concédele una cita, ella estará disponible. Su sangre brota por todos lados como si nunca acabara. Sus tacones acompasan el ardor de estar ahí. Si viviera nadie podria creerlo, una cantidad de desproporciones la conforman.
Descubre su perfume si te atreves, desnuda sus rincones, enciende sus encantos, despierta su pasion. Inventale una vida, poseela, acariciala, consigue su sonrisa, su mirada, su interés. Anímate a buscarla.  

Thursday, October 06, 2011

VOLAR

Una vez me encontré con una araña amarilla. Me miró asombrada e inocentemente me preguntó como había llegado hasta ese lugar perdido en la selva camboyana. –Llegué volando, le dije y sin darle tiempo a que preguntara que era eso, le conté que siempre lo hacía. Cada vez que tenía esa necesidad (digo la de volar fronteras, mares y montañas y hasta selvas también) podía lograrlo sólo cerrando los ojos, evadiendo mi cuerpo del espacio y transportándome emocionalmente al lugar elegido en cada ocasión. La araña amarilla me seguía mirando. Observaba mis movimientos desarticulados, mi picazón corporal. Observaba como yo me revolcaba por la tierra llena de espantosos bichos blancos y cobrizos. Estudiaba una a una mis risas desenfrenadas, mis pupilas irritadas de atravesar el viento, y mis venas marcadamente verdes. Pero la araña amarilla no me entendía y seguía preguntando cuál era el secreto que tenía para poder volar si yo no tenía alas. Le lancé una carcajada en la cara y la asustadiza hizo un paso atrás. Sé que lo hice en forma agresiva pero no pude controlarme. Desinhibida y alocadamente traté de explicarle que para volar no había secretos y que no era sólo propiedad de las aves o de los aviones. Que para volar no era requisito tener esas cosas llamadas alas, que para llegar alto ó lejos y tocar el cielo ó el otro lado de la luna sólo era necesario inyectar la imaginación y así volar, volar, volar.

Tuesday, September 06, 2011

SUEÑO PROFUNDO

La idea era conciliar el sueño. Se acostó, dio un tumbo hacia un lado, dio un tumbo hacia otro. Giró, giró y giró. Y de tanto girar creyó estar mareándose. Se incorporó de repente sin titubear. Parecía que hubiera tomado varias copas de más. Que más da. De más o de menos, su cabeza daba tumbos de pared a pared como dentro de un túnel oscuro. Un túnel sin fin, un túnel a la lejanía, pero dentro de ella. Tuvo que hacer un esfuerzo visual para intentar focalizar. De a poco su cabeza se organizó, dejó de rotar, sus ojos se estabilizaron y fijaron sobre un punto neutro, sin color, sin imagen, sin volumen. La situación parecía normalizarse, corrió la cola hacia abajo, acercándola a los talones, apoyo su espalda sobre la cama, estiro las piernas. Las tenía un poco doloridas, entre tanto tumbo, se habían golpeado involuntariamente, recién ahora que se recostaba lo sintió.
Que fácil era cerrar los ojos, oscurecer los pensamientos y echarse a dormir. Era tan fácil como tan fácil era no poder hacerlo. Y esa era la noche en la cual no iba a poder pegar un ojo, por lo menos por las próximas horas. De nuevo giro para un lado, prendió la tele que había apagado no hacia demasiado tiempo, apenas unos cuantos minutos habían servido para que todo esto ocurriera. Cambio de canal, paso por toda la gama de punta a punta, no había nada que hiciera aparecer el sueño, a pesar de que sus ojos se entrecerraban cada vez más rápidamente pero volvían a abrirse, como si una alarma estuviera sonando.
Apago la tele, su cabeza había acallado, aparecía la tranquilidad por fin y comenzaba a entregarse a las sábanas que conservaban el calor de la fricción con su cuerpo, esa lucha que había comenzado de tumbos y tumbos. No supo cuando, ni como, pero cuando amaneció había dormido placidamente.

Tuesday, August 16, 2011

EL BESO EN SUS PESAS Y MEDIDAS

Si por casualidad a tu perro se le ocurrió la mala idea de romper la carta que guardaba la receta de la felicidad y que él portaba en su mandíbula, yo te puedo dar otra, la del beso. Tal vez no sea lo mismo que la de la felicidad, pero es receta de amor al fin y muchas veces la felicidad va, o viene, de la mano con el amor.  Esta receta me la dio una abuela postiza que me regaló la vida. Cuando era chiquita nos acostábamos a dormir en mi cuarto, y era allí cuando ella empezaba a recitarme los versos y poesías que había traído desde Perú, de cuando ella también era chiquita. Las trajo muy arraigadas porque el autor era Octavio Polar, su padre, por lo cual es lógico que esta anciana, que hoy tendría más de un siglo, recordara una a una esas palabras mágicas que versaban acerca del amor y otras delicias. Sin más prólogo ahí va la receta:

El beso en sus pesas y medidas

De néctar puro una gota,
una gotita de miel,
de magnetismo, un tantito,
sabor de rosa y clavel,
un átomo de pudor,
cuatro dragmas de ternura,
otras tantas de locura
y un crepúsculo de amor.

Cuando la tengas cocinada compartila con ese enamorado que te está esperando del otro lado de la puerta

Monday, August 08, 2011

FÉLIX

“A mi me lo dijo el tiempo”, repetía todos los días don Félix. Una banqueta vieja lo esperaba, desde hacía años,  todas las tardes cuando él terminaba su trabajo en la zapatería,  y salía a sentarse a la vereda a tomar unos mates y un poco de aire fresco, ya que pasaba todo el día entre zapatos, clavos, martillos y ese pegamento que huele tan rico, pero que a lo largo del día se impregna tanto en la nariz que, a veces, termina mareando.
El atardecer era su hora preferida. Unos buenos bizcochos de grasa acompañaban la ronda de mates que siempre se armaba con algunos amigos que pasaban por la puerta de “El taco”. A don Félix lo conocía todo el barrio. Una vida entera –sesenta años- arreglando y remachando los zapatos de todos los vecinos no era poca cosa para pasar desapercibido. Además, era compinche de los hombres, amigo de los chicos y piropeador de las mujeres. Pero por sobre todo era reconocido por ser un divagante que rayaba con la locura - pero de la linda -, esa que saca a cualquiera de su propio mundo para sumergirlo en otro, en el que transita entre el delirio y la risa.
“A mi me lo dijo el tiempo, te digo. Sí, el  tiempo me dijo –decía con tono imperante- que aunque la vida pasa lo que no tenemos que olvidar son nuestros principios. Que los sueños nunca deben morirse porque si no están, nosotros tampoco estaremos. Que por su propia naturaleza la vida es lo suficientemente amarga como para que nosotros  nos encarguemos de hacerla peor y si guardamos los sueños en el baúl y olvidamos nuestra esencia estamos acabados”, así contestaba don Félix cuando alguien le preguntaba como, a pesar de los años, su sonrisa seguía siempre intacta.

Tuesday, August 02, 2011

ULTRAVIOLETA

Ultravioleta para poder seguir soñando. Ultramarino para poder seguir nadando en la nada. Ultraverde para que la desesperanza desaparezca de la noche a la mañana y sin sentido. La pasión del ultrarojo que invada toda tu extensión, grande  o pequeña.
Quiero todo porque todo. Quiero nada porque nada. Resuelve este momento de la forma más extrema que encuentres por los rincones más ocultos.
El día del casamiento Eugenia lanzó su ramo hacia atrás como nunca antes se había deshecho de nada en la vida. Lo agarró una casi desconocida que saltó de alegría sin saber que sería su desgracia. Al ritmo en que pasó la felicidad todos se subieron rápidamente sin saber hacia dónde se dirigían. Ninguno pagó, todos se aprovecharon de que ese día era un paseo muy especial y entonces no debían sacar boleto.

Saturday, July 30, 2011

CANDELA

Estuve acariciando su pelo durante horas hasta que me canse. Durante años lo hice, hasta que me canse. Termine de despegarme de ella cuando comprendí que su pelo era falso, que sus ojos estaban pinchados desde su cerebro con ganchos que no conducían a ningún sentido. Siempre preguntaba porque sus uñas no crecían, pero jamás obtuve respuesta, también siempre quise saber porque no amputaban su pelo como al mío casi todos los meses en la peluquería de la esquina de casa, la mas vulgar del barrio. Se llamaba Candela y había llegado a mi casa de la mano del ansiado y vulnerable Papa Noel.
Candela iba donde yo iba, se bañaba conmigo, también dormía y los domingos paseaba en el auto con todo la familia. Cuando no quería comer los helados que a mi me gustaban le embadurnaba la cara hasta las orejas y le reprochaba con alma de madre que era una desagradecida porque yo quería que compartieramos todo y ella, por el contrario, se daba el lujo de despreciarme. ¿Que sabrás vos de estas cosas?, preguntaba yo con voz de mando y gritando a los cuatro vientos, como para que todos supieran que aunque Candela no hiciera caso, yo tenia absoluto manejo sobre su vida, su pobre vida.
Un día me harte, dije basta, no soportaba mas tanta indiferencia de su parte. Comencé a desgarrar cada uno de sus miembros, también me di el lujo de rebanarle ese sucio pelaje que tenia y que nadie deseaba cortarle como al mío. La sacudí una y mil veces para ver si reaccionaba, le grite tanto hasta quedarme disfónica. Descubrí que era hueca, que en su interior no había corazón, ni sangre, ni nada que pudiera dar indicios de vida, pero sospechosamente, en ese instante en que yo había decidido tirarla a la basura, Candela derramo una lágrima.