Monday, August 08, 2011

FÉLIX

“A mi me lo dijo el tiempo”, repetía todos los días don Félix. Una banqueta vieja lo esperaba, desde hacía años,  todas las tardes cuando él terminaba su trabajo en la zapatería,  y salía a sentarse a la vereda a tomar unos mates y un poco de aire fresco, ya que pasaba todo el día entre zapatos, clavos, martillos y ese pegamento que huele tan rico, pero que a lo largo del día se impregna tanto en la nariz que, a veces, termina mareando.
El atardecer era su hora preferida. Unos buenos bizcochos de grasa acompañaban la ronda de mates que siempre se armaba con algunos amigos que pasaban por la puerta de “El taco”. A don Félix lo conocía todo el barrio. Una vida entera –sesenta años- arreglando y remachando los zapatos de todos los vecinos no era poca cosa para pasar desapercibido. Además, era compinche de los hombres, amigo de los chicos y piropeador de las mujeres. Pero por sobre todo era reconocido por ser un divagante que rayaba con la locura - pero de la linda -, esa que saca a cualquiera de su propio mundo para sumergirlo en otro, en el que transita entre el delirio y la risa.
“A mi me lo dijo el tiempo, te digo. Sí, el  tiempo me dijo –decía con tono imperante- que aunque la vida pasa lo que no tenemos que olvidar son nuestros principios. Que los sueños nunca deben morirse porque si no están, nosotros tampoco estaremos. Que por su propia naturaleza la vida es lo suficientemente amarga como para que nosotros  nos encarguemos de hacerla peor y si guardamos los sueños en el baúl y olvidamos nuestra esencia estamos acabados”, así contestaba don Félix cuando alguien le preguntaba como, a pesar de los años, su sonrisa seguía siempre intacta.

1 comment:

Familiarizada said...

un cuento tierno (no es microcuento, es cuento corto)