La idea era conciliar el sueño. Se acostó, dio un tumbo hacia un lado, dio un tumbo hacia otro. Giró, giró y giró. Y de tanto girar creyó estar mareándose. Se incorporó de repente sin titubear. Parecía que hubiera tomado varias copas de más. Que más da. De más o de menos, su cabeza daba tumbos de pared a pared como dentro de un túnel oscuro. Un túnel sin fin, un túnel a la lejanía, pero dentro de ella. Tuvo que hacer un esfuerzo visual para intentar focalizar. De a poco su cabeza se organizó, dejó de rotar, sus ojos se estabilizaron y fijaron sobre un punto neutro, sin color, sin imagen, sin volumen. La situación parecía normalizarse, corrió la cola hacia abajo, acercándola a los talones, apoyo su espalda sobre la cama, estiro las piernas. Las tenía un poco doloridas, entre tanto tumbo, se habían golpeado involuntariamente, recién ahora que se recostaba lo sintió.
Que fácil era cerrar los ojos, oscurecer los pensamientos y echarse a dormir. Era tan fácil como tan fácil era no poder hacerlo. Y esa era la noche en la cual no iba a poder pegar un ojo, por lo menos por las próximas horas. De nuevo giro para un lado, prendió la tele que había apagado no hacia demasiado tiempo, apenas unos cuantos minutos habían servido para que todo esto ocurriera. Cambio de canal, paso por toda la gama de punta a punta, no había nada que hiciera aparecer el sueño, a pesar de que sus ojos se entrecerraban cada vez más rápidamente pero volvían a abrirse, como si una alarma estuviera sonando.
Apago la tele, su cabeza había acallado, aparecía la tranquilidad por fin y comenzaba a entregarse a las sábanas que conservaban el calor de la fricción con su cuerpo, esa lucha que había comenzado de tumbos y tumbos. No supo cuando, ni como, pero cuando amaneció había dormido placidamente.
No comments:
Post a Comment