Saturday, December 01, 2012

EL AMOR


¿Quién tiene escondidas las palabras para explicar el amor? Quizás no existan porque no se trata de habladurías, sino más bien de sensaciones. Pero haciendo un esfuerzo, y teniendo en cuenta que estas líneas provienen de alguien que casi nada sabe de la vida, o mejor dicho que todavía es demasiado lo que le queda por aprender, personalmente podría describirlo brevemente. Si te palpita el corazón y te brilla la mirada cuando estás parado frente a una persona, eso puede decirse que es amor. Si la sonrisa se instala en tu cara y ya no puedes evitarla, si estás con esa persona que te produce estas sensaciones y es como si el resto del mundo no existiera. Cuando te sentís capaz de dejar todo, lo que pase en ese instante o en el resto de tu vida, podemos empezar a hablar de amor. Cuando el tiempo pasa pero la vibración es la misma, cuando todo se convierte en una vorágine y el alma se te ensancha de felicidad, quiere decir que estás enamorado. Cuanto te acostás al alba estando o simplemente pensando en esa persona, o te levantas casi de madrugada para encontrarte en alguna esquina de la ciudad a tomar un simple café. Si el tiempo pasa pero la vida no envejece, porque estás tan feliz que ya no hay motivos para ver las arrugas que se van grabando en tu cara. Porque el amor te deja tan ciego que te impide ver hasta lo que está frente a tu nariz.
¿Serán éstas las palabras para explicar este sentimiento, sensato cuando es compartido y odioso cuando no es recíproco?
También es sentirse eléctrico y vivaz. Es sentirse y sentirlo eterno, es del alma la mejor de las proezas, es la plenitud de la vida toda junta en la palma de una mano. Es sentirse grande y grandioso, y además es no poder parar de hablar o pensar en ese alguien. Lo demás son todas imposiciones que nosotros mismos nos fabricamos. 

Saturday, June 30, 2012

EL NIÑO

Y quizás la pureza de su encanto no rodee mis sentidos. El niño se ha permitido atravesar mares y selvas. Ha logrado superar las mil vallas de la sin razón. Como pocos, como nadie, ha pensado libremente sin tapujos ni escándalos, riéndose en una llamarada de túneles viajeros. Caminando entre algodones de cristal pudo ver algo, al principio no supo bien de que se trataba pero con el tiempo fue descubriendo que desde su interior brotaban sensaciones inequívocas, o mas precisamente exactas. Un berrinche lo puede tener cualquiera, y en su caso más aún, ya que dadas las circunstancias, a quién no se le hubiera presentado tal desplante. Viajó. Viajó durante horas a lo largo de su vida, claro que fue todo muy inusual porque se desplazó en el tiempo sin mantener una constante singular. Por momentos se encontró con sus primeros pasos y casi sin darse cuenta entró en la habitación de los rituales impuestos por generaciones pasadas que se acarrean durante toda una existencia. Pero después volvió a empantanarse en sus épocas de adolescente devenido en hombre temprano. Suspirando profundamente y volviendo casi en si, recordó un momento póstumo. El instante en que su vida quedó marcada para siempre. A partir de allí hubo un antes y un después y jamás volvió a ser lo mismo.
Pero hoy era diferente, hoy era un día espléndido, estaba en otra dimensión, estaba ido de su naturaleza, había podido escapar de sus limitaciones y eso lo alegraba, como cuando era un niño de verdad, como cuando nadie advertía que él hacía castillos en el aire una y mil veces y los derrumbaba sin que nadie se opusiera, como cuando todo lo justificaban por su inocencia y exclamaban ¡que ricura! Todo lo que hacía les parecía bien a todos. Lástima –pensaba- que con el tiempo la gente olvida sus orígenes, sus raíces primigenias de encanto y espontaneidad, la inocencia del que no sabe imponer sus pensamientos con una ferocidad de tigre y solamente levanta la mano en el murmullo y escupe su verdad sin importar que a alguien le cambie la vida tal cuestión.
-Retumba mucho!!!-, gritaba incesante y luego se reía como el que ha tomado unas copas. El silencio le estaba perforando los oídos, lo estaba alejando del mundo apuntalándolo con una daga filosa y punzante. El niño intentó resistirse hasta que por fin logró volver ahí, a donde yacía desparramado encogiéndose y estirándose como una babosa a punto de morir. Y lo hizo más de mil veces, y renació desde lo más hondo hasta llegar a la plenitud esquematizada. Y luego tomó conciencia y todo se volvió como siempre a la realidad no deseada, al compás que marcan las agujas del reloj con una exactitud casi envidiable aunque bastante aplomada.








Sunday, June 24, 2012

CARNAVAL


Cuando regresábamos siempre hacía lo mismo. La primera noche, y otras siguientes, me metía en la cama, tapado hasta la boca y con el pomo de espuma entre mis brazos, que a esas alturas ya estaba casi vacío. Lo destapaba y lo olía, respiraba profundo y dejaba que por mis fosas ingresara aquel olor, el que sabía a verano principalmente, noches de calor a veces frescas, otras veces densas, ese aroma que me transportaba mágicamente al carnaval. Íbamos todos los años al pueblo. Teníamos parientes allí, así que era regla visitarlos 2 o 3 veces por año. Una de las citas obligadas era en época de corsos. Ese viaje me resultaba maravilloso, por encima de los demás. Nunca volví a ver nada igual, nunca había visto algo similar hasta aquel momento. Destapar un frasco de espuma era abrir el alma al ritmo de la murga. Que música alegre, pensaba yo, que espíritu que tenían por aquellas épocas esas gentes simples, de tonada rítmica. Podían pasar muchas cosas en sus vidas, en sus casas, en sus intimidades mas profundas, pero a la hora de salir a la calle principal, doble mano y con boulevard de por medio, estaban todos listos, prolijos, arreglados, perfumados y hasta algunos con la mascarita puesta.
Por aquellos años no existía casi el travestismo, menos en un pueblo de pocos habitantes, pero hombres de ley, rigurosos machistas, educados con las leyes del patriarcado, del campo duro, con la rectitud de la vara, se olvidaban de su función diurna y salían vestidos de minas. Quien sabe, más de uno habrá gozado calzándose los pantalones ajustados, unas medias a modo de pechos enormes y un carmín en los labios, deseosos de ser besados por otro hombre.
 Era espectacular verlos, los vecinos del pueblo reían a carcajadas. El comentario era: mira éste o aquel, es Pirulo. Risas risas risas. Alegría, fuegos que salían a bocanadas por osados malabaristas, hombres de circo quizás, hombres de potente arte que nunca abrieron la puerta del pueblo para salir al mundo, escondidos en un mapa pequeño, en su propio mundo, mostrando lo mejor que podían hacer sólo una vez al año, como un juego añorado y a la hora de la exhibición, presente.
Al final de esta gran fiesta, todo volvía a la normalidad, el pueblo recuperaba su silencio habitual, su ritmo cansino, ese que lo distingue de las grandes urbes. Alguien siempre se encargada de apagar las luces hasta el próximo año.   

Saturday, June 09, 2012

AQUELLOS OJOS VERDES


Y una vez más se enamoró. La sensación fue contundente. Palpitaciones, escalofríos, sonrisas desmedidas y fuera de tiempo, y una sola idea en su cabeza, de día y de noche, con el amanecer y el crepúsculo: volver a ver esos ojos esmeralda que la habían cautivado de una manera inesperada.
Sin pensarlo ni esperarlo se vio atravesada por un rayo, la emoción la hizo vibrar un poco y otro poco mas. La primera vez que lo escuchó, su voz no le dijo demasiado, sin embargo era diferente, ni linda ni fea, tenía una cadencia distinta, hasta en algún momento le pareció distante.
Cuando lo vio por primera vez la historia cambió para siempre, la voz distante se transformó en armonía y delirio.
Y así las veces siguientes, charlas larguísimas y confesiones enormes, casi sin saber por que lo estaban haciendo.
Llevame a volar, le suplicó ella desde sus más íntimos pensamientos, necesito sentir la libertad correr por mis venas, necesito vibrar. Escucharte es una bocanada de oxígeno, le decía ella entrelíneas mientras hablaban como viejos desconocidos.
El tiempo pasó, las conversaciones aparecían y desaparecían de tanto en tanto, las sensaciones eran las mismas para ella, las mismas sonrisas alegres, espontáneas, frescas. Él la hacía sentir linda, más linda que nunca.
A él le pasaba exactamente lo mismo, pero nunca, ninguno de los dos lo supo. 

Monday, February 13, 2012

EDUQUEMOS

Eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos, eduquemos