Tuesday, October 25, 2011

ELLA

La boca estallada. Un ojo exaltado  y otro transparente. El pelo rayado. Un cuerpo sin brazos, sin orejas, sin vientre. Una mosca posa en su espalda, es la sombra que la acompaña, la persigue, la proyecta. Las piernas son desparejas. Una imagen, solo eso, un gesto. Un teléfono se desprende de su hombro y no trae formas elegantes. Usa medias de red desgarradas en el recuerdo de alguna noche furiosa. Hay un angel y un demonio. El demonio sobrevuela, el angel salpica en el aire su ternura. Desearía no perderla de vista. Ella dejo su blue jean desparramado por el piso, se sentó sobre su almohadón negro y comenzó a mirarme durante horas.
Por detrás dejó el olvido, dejó la nada, dejó la opacidad para convertir, con su mirada, la soledad en fuego, el silencio en llamas, el vestíbulo en revolución.
Convive sola, no desea compañía. Su cara expresa tristeza y descontrol. Aunque nadie lo sepa ella vive, aunque nadie lo advierta ella posee una belleza envidiable. La música la transporta por tuneles desérticos. Pareciera estar reclinada, como si algo doliera en su interior, quizas el alma. Esta espectante e inmóvil, como si posara congelada, como si nunca sintiera  cansancio. Necesita hablar pero sus labios están entretenidos jugueteando con una flor y su cabello está a punto de ahorcarla. Concédele una cita, ella estará disponible. Su sangre brota por todos lados como si nunca acabara. Sus tacones acompasan el ardor de estar ahí. Si viviera nadie podria creerlo, una cantidad de desproporciones la conforman.
Descubre su perfume si te atreves, desnuda sus rincones, enciende sus encantos, despierta su pasion. Inventale una vida, poseela, acariciala, consigue su sonrisa, su mirada, su interés. Anímate a buscarla.  

Thursday, October 06, 2011

VOLAR

Una vez me encontré con una araña amarilla. Me miró asombrada e inocentemente me preguntó como había llegado hasta ese lugar perdido en la selva camboyana. –Llegué volando, le dije y sin darle tiempo a que preguntara que era eso, le conté que siempre lo hacía. Cada vez que tenía esa necesidad (digo la de volar fronteras, mares y montañas y hasta selvas también) podía lograrlo sólo cerrando los ojos, evadiendo mi cuerpo del espacio y transportándome emocionalmente al lugar elegido en cada ocasión. La araña amarilla me seguía mirando. Observaba mis movimientos desarticulados, mi picazón corporal. Observaba como yo me revolcaba por la tierra llena de espantosos bichos blancos y cobrizos. Estudiaba una a una mis risas desenfrenadas, mis pupilas irritadas de atravesar el viento, y mis venas marcadamente verdes. Pero la araña amarilla no me entendía y seguía preguntando cuál era el secreto que tenía para poder volar si yo no tenía alas. Le lancé una carcajada en la cara y la asustadiza hizo un paso atrás. Sé que lo hice en forma agresiva pero no pude controlarme. Desinhibida y alocadamente traté de explicarle que para volar no había secretos y que no era sólo propiedad de las aves o de los aviones. Que para volar no era requisito tener esas cosas llamadas alas, que para llegar alto ó lejos y tocar el cielo ó el otro lado de la luna sólo era necesario inyectar la imaginación y así volar, volar, volar.