Tuesday, August 16, 2011

EL BESO EN SUS PESAS Y MEDIDAS

Si por casualidad a tu perro se le ocurrió la mala idea de romper la carta que guardaba la receta de la felicidad y que él portaba en su mandíbula, yo te puedo dar otra, la del beso. Tal vez no sea lo mismo que la de la felicidad, pero es receta de amor al fin y muchas veces la felicidad va, o viene, de la mano con el amor.  Esta receta me la dio una abuela postiza que me regaló la vida. Cuando era chiquita nos acostábamos a dormir en mi cuarto, y era allí cuando ella empezaba a recitarme los versos y poesías que había traído desde Perú, de cuando ella también era chiquita. Las trajo muy arraigadas porque el autor era Octavio Polar, su padre, por lo cual es lógico que esta anciana, que hoy tendría más de un siglo, recordara una a una esas palabras mágicas que versaban acerca del amor y otras delicias. Sin más prólogo ahí va la receta:

El beso en sus pesas y medidas

De néctar puro una gota,
una gotita de miel,
de magnetismo, un tantito,
sabor de rosa y clavel,
un átomo de pudor,
cuatro dragmas de ternura,
otras tantas de locura
y un crepúsculo de amor.

Cuando la tengas cocinada compartila con ese enamorado que te está esperando del otro lado de la puerta

Monday, August 08, 2011

FÉLIX

“A mi me lo dijo el tiempo”, repetía todos los días don Félix. Una banqueta vieja lo esperaba, desde hacía años,  todas las tardes cuando él terminaba su trabajo en la zapatería,  y salía a sentarse a la vereda a tomar unos mates y un poco de aire fresco, ya que pasaba todo el día entre zapatos, clavos, martillos y ese pegamento que huele tan rico, pero que a lo largo del día se impregna tanto en la nariz que, a veces, termina mareando.
El atardecer era su hora preferida. Unos buenos bizcochos de grasa acompañaban la ronda de mates que siempre se armaba con algunos amigos que pasaban por la puerta de “El taco”. A don Félix lo conocía todo el barrio. Una vida entera –sesenta años- arreglando y remachando los zapatos de todos los vecinos no era poca cosa para pasar desapercibido. Además, era compinche de los hombres, amigo de los chicos y piropeador de las mujeres. Pero por sobre todo era reconocido por ser un divagante que rayaba con la locura - pero de la linda -, esa que saca a cualquiera de su propio mundo para sumergirlo en otro, en el que transita entre el delirio y la risa.
“A mi me lo dijo el tiempo, te digo. Sí, el  tiempo me dijo –decía con tono imperante- que aunque la vida pasa lo que no tenemos que olvidar son nuestros principios. Que los sueños nunca deben morirse porque si no están, nosotros tampoco estaremos. Que por su propia naturaleza la vida es lo suficientemente amarga como para que nosotros  nos encarguemos de hacerla peor y si guardamos los sueños en el baúl y olvidamos nuestra esencia estamos acabados”, así contestaba don Félix cuando alguien le preguntaba como, a pesar de los años, su sonrisa seguía siempre intacta.

Tuesday, August 02, 2011

ULTRAVIOLETA

Ultravioleta para poder seguir soñando. Ultramarino para poder seguir nadando en la nada. Ultraverde para que la desesperanza desaparezca de la noche a la mañana y sin sentido. La pasión del ultrarojo que invada toda tu extensión, grande  o pequeña.
Quiero todo porque todo. Quiero nada porque nada. Resuelve este momento de la forma más extrema que encuentres por los rincones más ocultos.
El día del casamiento Eugenia lanzó su ramo hacia atrás como nunca antes se había deshecho de nada en la vida. Lo agarró una casi desconocida que saltó de alegría sin saber que sería su desgracia. Al ritmo en que pasó la felicidad todos se subieron rápidamente sin saber hacia dónde se dirigían. Ninguno pagó, todos se aprovecharon de que ese día era un paseo muy especial y entonces no debían sacar boleto.