En este instante
alguien está muriendo, naciendo. Un corazón comienza a vibrar, deja de latir.
En este segundo alguien esta cantando, saltando o recordando su último viaje.
Está de jüerga, ríe, llora, suplica por el último suspiro de un ser querido,
transpira en búsqueda de un mejor estado anímico o de salud o sólo por deporte
y pasión. Bailando y recorriendo una ciudad desconocida en algún rincón perdido
del mundo, incluso éste, gritando y malcriando, susurrando y castigando.
Leyendo un libro de páginas amarillentas, el último best seller de ciencia
ficción o el matutino que desprende su tinta con la transpiración de la mano
que lo sostiene. Un corazón está caminando rumbo a encontrarse con el amor de
su vida, y el de al lado está yendo a una cita a ciegas, rememorando viejas
historias, creando nuevas, melancólico, bucólico, esperanzado, con fe, en un
sinsentido permanente, triste y acomplejado. Seguro está alguno desparramado en
una cama fresca, sucia, blanca o mal oliente, llorando el abandono, mirando una
película pochoclera cuchareando el tarro de helado o con su novio, amante,
marido, esposa, perro, gato y el bebé.
Aquel de
enfrente prepara las maletas para un largo viaje y su vecino para uno corto
luego de un largo año de actividades y ocupaciones. El que prepara las valijas
porque su mujer lo echo de su casa, prepara las valijas porque se enamoró de
otra y prepara las valijas porque se muda a una casa mas chica, mas grande, mas
pintoresca.
En este instante
está ganando la ruleta, andando en el barro, decorando su nuevo hogar,
descubriendo que está sólo en este mundo cruel, desproporcionado y desigual.
Dormido en una esquina porque se tomó tres vinos de más, sin que nadie lo
espere, esperando que amanezca para arrancar la travesía de vivir cada día despojado
de todo, a la espera de nada. Comprando compulsivamente, sin importarle que
otro corazón, igual, parecido, de similares características haría milagros con
esas pocas y míseras monedas que separan a los iguales y los convierten en
diferentes, en otros, con los que es difícil identificarse, ignorándose y
abusando el más poderoso del mas sumiso.
Está teniendo
miedo, palpitaciones, sintiendo la adrenalina acelerar sus latidos, corriendo
una carrera con la sangre roja y fluida que le recorre las venas. Comiéndose la
vida o la heladera o a su mascota a besos. Siendo el continente de otro pequeño
que esta creciendo a pasos agigantados y que en pocos días o muchos, pero que
indefectiblemente tiene fecha de desalojo.
Cinco están
abrazando a uno que es el que mas sufre de la rueda en una larga y lenta agonía
de ese que está empezando a detenerse. Tic tac tic tac, lentamente,
agitadamente, rabiosamente. Nunca resignándose a tener que detenerse.
Algunos creyendo
que leyeron estas líneas alguna vez y otros que las escribieron, como yo, que
no sé si a veces soy una repetición de mi misma.
Muchos, en este
instante, se están identificando con estas palabras, pero no todos, porque
siempre hay alguno que está haciendo algo diferente.
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