Tuesday, July 09, 2013

EL SEÑORITO BIEN

Cuando le ofrecían una tasa de café, para decir que sí decía que no, y para decir que no decía quizás, nunca se animaba con certeza a decir lo que quería. ¿Está seguro que quiere tomar café?, le repetía el mayordomo, ya que era tan obvio y evidente que ese "quizás" era un no, que intentaba convencerlo de que se sincerara con él a cambio de nada. Por ese entonces tendría unos 25 años, cuando empezaron a ocurrir esas actitudes extrañas, indecisas e imprecisas. El otro ya tenía atendiendo esa casa unas seis décadas. Conocía los sí y los no del niño, del padre del niño y del abuelo del niño. Claro que también conoció a las mujeres que acompañaban a esa familia. Había sido un clan desde principios de siglo, conocido por todos, admirado por algunos y odiado por unos pocos.
El joven era la peor versión lograda de la familia, tenía los peores defectos, heredados de cada uno de sus antecesores. Cualidades pocas, cada vez menos. Ya que a mediados de la adolescencia empezaron a borrársele los grises atisbos de alguna destreza o gesto que demostrara que era humano y sentimiental.
Su vida ocurría dentro del palacete. Amanecía muy tarde, todo el día estaba adormecido y tempranamente a la noche iba corriendo a descansar hasta el día siguiente. Parecía vivir en sueños.
¿No quiere comer hoy el señorito?, le preguntaba el mayordomo, ya hace días que no lo hace. Eso podría haberse considerado una cualidad, no comer, no tener gula, pero en el caso del hombre sin emociones, esta apatía por la comida era una muestra más de su desinterés por todo.
Y así andaba, perdido, por los pasillos fríos del palacio, era como si se hubiera convertido en parte del mobiliario enorme e indiferente que lo decoraba. Era una gran pared más de todas las que armaban la residencia. Había recibido tan poco cariño en su niñez que estaba seco.

La única persona que velaba por sus necesidades físicas, las únicas que se podían vislumbrar, era el fiel servidor de varias generaciones de la familia. Cuando él, ya cansado y viejo murió, el señorito bien derramó una lágrima, señal de que todavía él estaba vivo a pesar de todo.

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